En el entorno laboral actual en evolución, el éxito ya no se determina solo por el CI, sino que está profundamente arraigado en la Inteligencia Emocional (IE). Los equipos que prosperan son aquellos en los que las personas entienden, gestionan y responden a las emociones, tanto las propias como las de los demás, con empatía e intención. Esta sesión se centra en cultivar la inteligencia emocional como piedra angular de la colaboración positiva en equipo, la confianza y el rendimiento.
La Inteligencia Emocional es más que una simple habilidad blanda: es una competencia psicológica crítica. Basándose en el trabajo de Daniel Goleman y la neurociencia contemporánea, esta sesión descompone la IE en cinco dominios principales: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales. Los participantes participarán en autoevaluaciones prácticas para entender sus fortalezas y áreas de crecimiento en IE, preparándose para un desarrollo intencional.
Comenzamos con la autoconciencia, la base de la IE. Los participantes aprenden a notar sus desencadenantes emocionales y narrativas internas. A través de ejercicios reflexivos y seguimiento del estado de ánimo, descubren cómo su estado emocional influye en su comunicación, toma de decisiones y dinámica de equipo.
A continuación, pasamos a las estrategias de autorregulación: cómo pausar antes de reaccionar, cómo replantear las respuestas al estrés y cómo mantener la compostura en momentos de alta presión. Estas técnicas se basan en la terapia cognitivo-conductual (TCC) y prácticas de mindfulness, empoderando a las personas para mantenerse firmes, incluso en medio de tensiones o cambios en el equipo.
La empatía es un pilar central de esta sesión. Los participantes exploran cómo sintonizar con las perspectivas de los demás, leer señales no verbales y responder con compasión, habilidades que fomentan la seguridad psicológica y profundizan la confianza interpersonal. También abordamos la fatiga de empatía y cómo equilibrar el cuidado de los demás con límites emocionales saludables.
Finalmente, la sesión se centra en crear un clima emocional positivo. Los participantes aprenden a utilizar el contagio emocional de manera positiva, modelando optimismo, apreciación y retroalimentación constructiva para elevar la moral del equipo y reforzar las normas colaborativas.
A lo largo de la sesión, los participantes se involucran en escenarios de la vida real, coaching entre pares y juegos de roles para llevar la inteligencia emocional a la acción. No solo se van con una mejor comprensión de su mapa emocional, sino también con herramientas para liderar con claridad emocional y agilidad relacional.
Cuando la inteligencia emocional se incorpora en la cultura del equipo, la colaboración se vuelve más auténtica, la resiliencia se profundiza y el éxito colectivo ya no es accidental, se vuelve inevitable.
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