La gestión del rendimiento hoy en día no se trata solo de métricas y revisiones anuales: se trata de fomentar una cultura psicológicamente segura y rica en retroalimentación donde la excelencia se convierta en un viaje compartido. En el corazón de esta evolución se encuentra un enfoque humanizado para establecer metas, retroalimentación y evaluación del rendimiento.
Esta sesión reimagina la gestión del rendimiento no como un proceso impulsado por el cumplimiento, sino como una conversación continua arraigada en el propósito, la alineación y el crecimiento mutuo. Basándose en la psicología positiva, la ciencia del comportamiento y los marcos de coaching de liderazgo, los participantes aprenden cómo involucrar a los miembros del equipo en un establecimiento de metas significativo y un diálogo de desarrollo.
Comenzamos con el establecimiento de metas, enfatizando la importancia de alinear las aspiraciones individuales con los objetivos del equipo y de la organización. Los participantes exploran cómo crear metas SMART (Específicas, Medibles, Alcanzables, Relevantes, Temporales) que no solo estén orientadas a tareas, sino que sean motivacionales. Cuando las personas entienden el por qué detrás de sus metas, su sentido de propiedad se profundiza. La neurociencia muestra que las metas claras y orientadas por valores activan el sistema de recompensas del cerebro, fomentando la persistencia, la claridad y el compromiso.
La retroalimentación es otro pilar de la gestión del rendimiento y una de las más cargadas emocionalmente. Muchos gerentes evitan dar retroalimentación por miedo al conflicto, mientras que los miembros del equipo a menudo se preparan a la defensiva. En esta sesión, los participantes son introducidos a modelos de retroalimentación constructiva como el SBI (Situación-Comportamiento-Impacto) y el coaching de Feedforward. Se pone énfasis en el tono, el momento y la seguridad psicológica, asegurando que la retroalimentación no sea una amenaza, sino un espejo que refleja el potencial de crecimiento.
Las evaluaciones de rendimiento se reformulan como revisiones colaborativas de desarrollo en lugar de evaluaciones de arriba hacia abajo. Los gerentes aprenderán cómo llevar a cabo conversaciones de rendimiento que sean estructuradas, empáticas y enfocadas tanto en los logros como en las aspiraciones. Se presta especial atención a los sesgos inconscientes, la inteligencia emocional y la importancia de la escucha activa.
Los juegos de rol del mundo real, los ejercicios reflexivos y los momentos de coaching entre pares permiten a los participantes interiorizar estas habilidades, no como guiones, sino como hábitos.
En última instancia, la gestión del rendimiento no se trata de gestionar a las personas, sino de inspirarlas a gestionarse a sí mismas, con claridad, confianza y conexión. Cuando las metas se sienten significativas, la retroalimentación se siente de apoyo y las evaluaciones se sienten justas, los equipos no solo mejoran su rendimiento, sino que evolucionan.
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