Rara vez son los números los que rompen un equipo. Mira de cerca las organizaciones que tienen problemas y a menudo encontrarás las mismas verdades ocultas:
“Mi infancia fue perfecta, pero no sé cómo amar a mis hijos.”
“Mi esposa es maravillosa, por eso tengo una amante.”
“Mi jefe es brillante, pero llego a casa tan agotado que no puedo hablar con mi familia.”
“Estoy en la cima de mi carrera, pero bebo cada noche para aliviar la tensión.”
Estas confesiones no tratan sobre incompetencia. Revelan las fuerzas silenciosas que impulsan el comportamiento: adicciones, estrategias de supervivencia y patrones formados mucho antes del primer día de trabajo. Si no se abordan, no permanecen privadas. Moldean la cultura laboral, decidiendo si los equipos confían entre sí o se preparan para el impacto, si la comunicación es clara o está nublada por la tensión.
La mayoría de los programas de liderazgo y bienestar comienzan con estrategia, habilidades y comunicación. Pero saber por qué se necesita un cambio es solo el comienzo. La parte difícil, y la parte que hace que el cambio perdure, es dominar el cómo.
Y ese “cómo” nunca es único para todos. Una estrategia de supervivencia que una vez ayudó a un fundador a superar una crisis puede hacer que un CFO en una empresa estable sea rígido y reacio al riesgo. El perfeccionismo de un miembro del equipo podría haberlo mantenido seguro en una familia volátil, pero ahora alimenta el agotamiento. La clave es reconocer estos patrones antes de que silenciosamente tomen el control.
Cuando los patrones de supervivencia dominan, las organizaciones tienden a:
Las señales suelen ser sutiles. Un alto rendimiento que de repente se desengancha. Un gerente cuyo estrés se traduce en micromanagement. Un equipo cuya productividad oculta una cultura de resentimiento silencioso.
Romper el ciclo comienza con la estabilidad. La estabilidad no se construye “avanzando con fuerza”; se construye abordando los viejos desencadenantes y patrones que secuestran las reacciones bajo presión. Los equipos y líderes pueden comenzar por:
Cuando la estabilidad viene primero, el rendimiento sigue y perdura.
Un líder o miembro del equipo que opera desde el modo de supervivencia transmitirá esa energía. Por el contrario, cuando las personas operan desde la estabilidad interna, establecen un tono de confianza y claridad. Las decisiones se vuelven más consideradas. La comunicación se afina. La organización deja de ser una olla a presión y comienza a convertirse en un lugar donde las personas y los beneficios pueden crecer juntos.
Las empresas que prosperarán en los próximos años no serán las que corran más rápido o empujen más fuerte. Serán aquellas que puedan mantener la velocidad sin romper a su gente. Ese tipo de resiliencia no se construye en una sala de juntas. Se construye en la raíz, donde el crecimiento personal y el rendimiento profesional se encuentran.
Acerca del autor

Psicoterapeuta en Siffi
Zoya Mesaric es psicoanalista en formación, coach ejecutiva, escritora y conferenciante. Ofrece psicoterapia informada en traumas y coaching ejecutivo, ayudando a individuos y equipos a prosperar sin agotamiento. Zoya escribe para Elle y recientemente habló en el Congreso Mundial de Psicoterapia en Viena sobre cómo el trauma, la sexualidad y la identidad moldean la forma en que vivimos, trabajamos y lideramos.
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